Hace unos meses me encontraba pasando un rato en mi librería favorita de Estocolmo. Aunque tiene una selección exquisita de novedades, las relacionadas con el cine no son precisamente su punto fuerte. Sin embargo, me crucé casi sin quererlo con un ejemplar de diseño exquisito. Los grises, blancos y negros contrastaban con el satinado superior en rojo en la parte inferior donde se lee el título, “Vagabond”, contrastando con el superior: Tim Curry. La foto de la portada de un Curry desaliñado ya empieza a darnos pista de las tramas donde se van a cruzar los tonos sobrios de su vida inglesa con las purpurinas que lo pusieron en boca de todos en los años setenta. A pesar de los precios desorbitados de los libros en este país, me lo acabé llevando a casa.
En el tren de vuelta a casa me dio por pensar que, a pesar de ser un actor con tantísimo peso en los ochenta y noventa (recordémoslo en “Legend” o en “Solo en casa”), yo no sabía casi nada de él. Sin duda, resulta algo sorprendente teniendo en cuenta mi pasión secreta (no tan secreta por los que me conocen bien y han visto mi librería) por las memorias de los personajes del star system del celuloide y por mi devoción por la película “Cluedo”. (Aprovecho para hacer un pequeño inciso para recordar que John Landis firma el guión y que, aunque parecía que iba a ser él el director de la cinta, le pasa el relevo a Jonathan Flynn, conocido en Catalunya por una de las series míticas de TV3: “Sí, ministre”). El actor o vagabundo, como a él le gusta llamarse, menciona con más o menos precisión todas y cada una de sus películas, incluso los videojuegos a los que ha puesto voz en los últimos años. Pero de “Cluedo” habla con un especial cariño. Esta dedicación me ha hecho especialmente feliz no solo por el miedo que me daba que una mala experiencia pudiera enturbiar mi recuerdo de una de mis películas favoritas de mi infancia, sino porque “Cluedo” cuenta con un ingrediente del que nos gusta comentar en el podcast Sala2000. Se trata nada más y nada menos que de las películas corales donde, incluso desde la butaca, puedes detectar que, en ese rodaje, se lo han pasado bomba.

Con una elegancia propia del mayordomo de la película presenta entresijos de los rodajes que dan para que un buen reportaje del corazón, eso sí, sin desvelar ni un ápice de información sobre su vida personal. Resultan desternillantes las anécdotas protagonizadas por personajes de la talla de Truman Capote hasta Meat Loaf, pasando por Stallone o la Princesa Margarita.

Pero si hay algo que Tim Curry sabe transmitir mediante una declaración de principios y a través de todas y cada una de las líneas de estas memorias, es su pasión por el lenguaje. Su etapa de formación en lengua y literatura en lengua inglesa, así como sus estudios teatrales son reivindicados en varias ocasiones, dando como resultado una verdadera lección de escritura, un artefacto muy bien reflexionado. Resulta casi paradójico que años más tarde, con apenas sesenta y pocos años, sufriera un derrame cerebral que lo dejó sin habla durante un buen tiempo.
“Elocution and diction have always been important to me. Language is precious. […] However pretentious or old-fashioned that may seem to others, I loathe when language isn’t used properly. […]. When you’re acting, you have the privilege of making somebody’s words come alive”
Vagabond Tim Curry p.191 Century 2025
